lunes, 6 de mayo de 2013

Condenados: Planteamiento

La idea de Condenados se me ocurrió viendo la quinta temporada de Supernatural. La cuestión postapocalíptica es un tema recurrente en muchos juegos de rol, y más últimamente con juegos como Apocalypse World y la fiebre de los zombis, que sigue pegando fuerte. Sin embargo, apenas he encontrado juegos que traten el Apocalipsis, así con mayúsculas. El único, bíblico e inimitable Apocalipsis.

El primer problema es que, bueno, pensamos en el Apocalipsis bíblico como algo bastante definitivo. Bajo la premisa de que Dios es omnipotente, no podría ser de otra manera: el mundo se va a la mierda, y rápido. Plan del día: Nos levantamos tempranito, separamos los buenos de los malos antes de las ocho de la mañana, rompemos los Siete Sellos, destruimos el mundo y a las dos estamos de vuelta todos en la Corte Celestial para el banquete de celebración. La única posibilidad de salvar el asunto es que no sea tan definitivo o, al menos, no tan rápido.

Una posible solución, como decía antes, me la dio la quinta temporada de Supernatural. Dios se cansa y  se desentiende y los ángeles deciden hacer el Apocalipsis por su cuenta. O al menos esa es la versión -   ¿interesada? - de los ángeles. La premisa de las accidentadas vacaciones de Dios de la película Dogma también serviría para lo que quiero. La cuestión es que no voy a resolver eso en la ambientación del juego. Al menos no por ahora.

Todo empieza así:

Dicen que en los Días previos se habían sucedido una serie de misteriosas desapariciones por todo el mundo: ciento cuarenta y cuatro mil Sellados en cuestión de cuarenta y ocho horas que se sentaron a la diestra de Dios, llenos de dicha, dispuestos a contemplar la masacre que estaba a punto de empezar.

El Apocalipsis comenzó un 18 de Junio hace dos años. Estaba despierto a medianoche, viendo las noticias cuando los informativos empezaron a hablar de lo que parecía un extraño fenómeno atmosférico. Dijeron que estábamos atravesando una especie de nube de polvo galáctico y que por eso el cielo se estaba llenando de lo que parecían estrellas fugaces. Pero eran las huestes de Nuestro Señor, precipitándose sobre la tierra para el asalto final contra el hombre. 

La gente no empezó a sumar dos y dos hasta pasados unos días, porque media hora después el Presidente del Gobierno emitió un comunicado informando de que China e India habían iniciado un ataque conjunto sobre Estados Unidos y Europa. Como respuesta habían levantado el escudo antimisiles, pero no fue suficiente. Aquello no estaba preparado para una embestida tan colosal. Pero nos pidieron que mantuviéramos la calma.

Movilizaron al Ejército y la Guardia Nacional, pero no para proteger las ciudades. Sabían que era imposible. Fue otra cosa de la que nos dimos cuenta tarde. Lo único que hicieron fue reagrupar las tropas, salvar las fuerzas que pudieron y esperar que pasara lo peor. Washington no pudo ser evacuada. San Francisco tampoco. Y así hasta treinta y pico de las cincuenta capitales de estado. La costa oeste fue barrida por completo del mapa, pero tuvieron tiempo de responder y desatar nuestra ira sobre... alguien que ni siquiera era el enemigo.

¿Por qué Dios no acabó con todo el mundo de un golpe? No tengo la menor idea. Quizás esto no haya hecho más que empezar. O puede que estemos equivocados y ni siquiera sea el Apocalipsis.